John Lewis, el líder del movimiento por los derechos civiles cuya sangrienta golpiza a manos de agentes estatales de Alabama en 1965 ayudó a impulsar la oposición a la segregación racial, y quien tuvo una larga y celebrada carrera en el Congreso, falleció. Tenía 80 años.

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, confirmó el deceso de Lewis anoche, calificándolo como “uno de los grandes héroes de la historia de Estados Unidos”.

“Todos nos sentíamos honrados de llamar compañero al congresista Lewis, y estamos desconsolados por su fallecimiento”, afirmó Pelosi. “Que su memoria sea una inspiración que nos impulse a todos a, ante la injusticia, crear ‘buenos problemas, problemas necesarios’”.

Las condolencias por su muerte fueron bipartidistas. El líder de la mayoría en el Senado, el republicano Mitch McConnell, señaló que Lewis fue “un líder pionero en derechos civiles que arriesgó su vida para luchar contra el racismo, promover la igualdad de derechos y alinear a nuestro país con sus principios fundacionales”.

Cuando a finales de diciembre de 2019 anunció que padecía un avanzado cáncer de páncreas — “Nunca me había enfrentado a una batalla como la que tengo ahora”, dijo entonces — Lewis inspiró homenajes a ambos lados de la cámara y el acuerdo no declarado de que el deceso de este demócrata de Atlanta representaría el final de una era.

El anuncio de su muerte se produjo apenas unas horas después de la del reverendo C.T. Vivian, otro líder de los derechos civiles que falleció antes el viernes a los 95 años.

Lewis fue el más joven y el último sobreviviente de los Seis Grandes, un grupo de activistas por los derechos civiles liderado por el reverendo Martin Luther King Jr., que tuvo un enorme impacto en el movimiento. Fue conocido por liderar a unos 600 manifestantes en la marcha del Domingo Sangriento en el Puente Edmund Pettus en Selma.

Con 25 años y caminando al frente de la marcha con las manos en los bolsillos de su abrigo, Lewis fue derribado y golpeado por la policía. Sufrió una fractura de cráneo y las imágenes de la brutalidad, emitidas en la televisión nacional, centró la atención del país en la opresión racial en el sur.

En cuestión de días, King lideró más marchas en el estado, y el entonces presidente, Lyndon Johnson, presionó al Congreso para la aprobación de la Ley de Derecho al Voto, que salió adelante un año más tarde y eliminó las barreras que prohibían votar a los afroestadounidenses.

“Amaba tanto este país que arriesgó su vida y su sangre para que pudiese cumplir su promesa”, dijo el expresidente Barack Obama tras el deceso de Lewis. “En los inicios, abrazó los principios de la resistencia no violenta y la desobediencia civil como los medios para conseguir un cambio real en este país”.

Lewis se unió a King y a otros cuatro líderes de derechos civiles en la organización de la marcha de 1963 Washington. Se dirigió a la multitud justo antes de que King pronunciase su épico discurso “Tengo un sueño”.

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